Tratamiento de las varices

Las varices representan una patología frecuente, que afecta a un porcentaje importante de la población, entre el 10% y el 25%. Si bien para muchas personas supone un problema únicamente estético, para otras es responsable de un número significativo de días de baja laboral y les limita dolorosamente la calidad de vida.

En este momento es importante diferenciar entre lo que habitualmente llamamos varices, es decir, aquellas venas tortuosas, palpables y que tienen relieve sobre la piel, y las arañas vasculares y varículas que tienen aspecto de ramificaciones y que en ocasiones forman autenticas manchas en la piel. Las primeras constituyen una enfermedad, acompañada de una serie de síntomas y con capacidad de producir complicaciones potencialmente graves, cuyo tratamiento va a aliviar las molestias del paciente, independientemente de la mejoría estética que le proporcionen. Por el contrario, las arañas vasculares, varículas o telangiectasias no producen sí́ntomas, salvo raras excepciones, y no pueden producir complicaciones, salvo, quizá, algún hematoma de más. La importancia de esta diferencia es que el tratamiento de estas ultimas va a producir una mejoría estética, pero no va a aliviar los síntomas que pueda tener el paciente.

 

Como ya se ha comentado en alguna otra ocasión, las varices constituyen una enfermedad crónica, cuyo tratamiento nos permite resolver una serie de síntomas, disminuir las complicaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Sin embargo, no permite curar la enfermedad, ya que no se sabe con exactitud por que se produce y no podemos tratar el origen de la misma. Así, el tratamiento de las varices persigue resolver el problema del paciente de la manera más eficaz y con el menor índice de recidiva (que vuelvan a salir) posibles. Pero hay que saber que se pueden reproducir, las tratemos como las tratemos. Así como es cierto que esta recidiva se produce en alrededor de un 30% de los paciente a los 10 años, también lo es que, habitualmente, lo hacen de manera menos importante y con menos sintomatología.

 

Como veremos a continuación, hay que tener una buena formación y experiencia, ya que, en los últimos años, el tratamiento de las varices ha evolucionado de manera vertiginosa. Se debe, por tanto, acudir a los profesionales más cualificados.

 

 

¿De que opciones de tratamiento disponemos?

 

Dividimos las opciones de tratamiento de las varices en 2 grandes grupos: el tratamiento conservador y el tratamiento intervencionista. El tratamiento conservador consiste en una serie de medidas fí́sicas que mucha gente conoce y aplica, a veces sin darse cuenta, como son los masajes, los geles fríos, las duchas de agua fría, la vida activa, etc., junto con un soporte elástico adecuado y, en ocasiones, medicación. Esto consigue resolver la mayoría de los síntomas de las varices, si bien no las elimina, siempre están allí. En general, en persona jóvenes (en el sentido más amplio) y activas, sobre todo si no tienen riesgos añadidos, esta no es la mejor opción.

 

Los tratamientos intervencionistas, a su vez, pueden ser de 2 tipos: escleroterapia con espuma y cirugía (convencional o endoluminal, mediante láser o radiofrecuencia). La escleroterapia ecoguiada con microespuma consiste en la punción e inyección, controlada con ecografía, de un liquido (polidocanol, un alcohol) en forma de espuma.

 

Esta forma de administración permite tratar venas de gran calibre con unas dosis aceptablemente bajas de solución. Es importante resaltar el hecho de que todo el procedimiento debe estar controlado con ecografia continuamente. Este procedimiento produce un vasoespasmo severo inmediato (contracción de la pared venosa) y una reacción inflamatoria local, algo más tardía. Cuando cura esta inflamación es cuando vemos los resultados. La gran ventaja de esta técnica es que es un proceso totalmente ambulatorio, que se realiza en consulta, y que no precisa ningún tipo de anestesia. Lo que si necesita es de un soporte elástico fuerte que se debe mantener durante varias semanas y, a veces, algún antiinflamatorio o la aplicación de hielo local. Se están investigando nuevas sustancias y nuevas vías de administración de las mismas para obtener mejores resultados con menos servilismos (sapheon, clarivein). En la actualidad, se considera la escleroterapia con espuma el tratamiento de elección en la recidiva varicosa y en las varices por colaterales, así como una excelente alternativa a la cirugía para prácticamente todo tipo de varices y para las malformaciones venosas.

 

La cirugía convencional o abierta consiste en extirpar todos los paquetes varicosos o, mediante la interrupción y extirpación selectiva de los mismos, intentar redirigir el flujo sanguíneo para compensar el defecto circulatorio (técnica o estrategia CHIVA). Estas técnicas se aplican en quirófano y precisan anestesia, aunque en muchos casos puede ser local, y suelen ser también ambulatorias o con un corto ingreso. Es habitual la aparición de importantes hematomas, lo que condiciona las molestias postoperatorias, cuya duración suele ser de unas 4 a 6 semanas. La convalecencia no suele ser muy dolorosa, habitualmente controlada con analgésicos o antiinflamatorios corrientes. Con estas técnicas es con las que más experiencia se lleva acumulada a lo largo de muchas décadas, y se conocen muy bien las complicaciones y los resultados a largo plazo.

 

En la actualidad, los métodos que están ofreciendo los mejores resultados son las técnicas de cirugía endoluminal (láser o radiofrecuencia). Con ellos podemos tratar las grandes venas safenas desde el interior, sin tener que extirparlas. Esto minimiza el riesgo de las principales complicaciones de la cirugía de varices, como son las infecciones en las heridas de la ingle y los hematomas, que se reducen de forma muy importante. La fibra (un fino cablecito) se introduce en la vena por un sitio previamente seleccionado y se asciende, controlado continuamente con ecografia, hasta la ingle (o el pliegue detrás de la rodilla). Una vez tratada la vena principal, podemos tratar las demás con pequeñas incisiones quirúrgicas o mediante espuma. Este procedimiento se realiza con anestesia local (tumescente) y el paciente puede, y debe, caminar inmediatamente. La recuperación es casi inmediata, y muchos pacientes pueden realizar su vida normal al día siguiente, con unas pequeñas medidas terapéuticas.

 

 

No se ha discutido aquí el tratamiento de las arañas vasculares, que será motivo de otro artículo. Su manejo es, probablemente, menos complejo, pero si exige un buen conocimiento de las técnicas y, sobre todo, de cuándo no aplicarlas.

 

 

Hoy día los Cirujanos Vasculares, como hemos visto, debemos disponer de una gran variedad de técnicas para tratamiento de las varices para poder ofrecer lo mejor a los pacientes en cada situación. De igual manera, estos deben disponer de una gran cantidad de información para poder tomar sus propias decisiones, por supuesto, en contacto con un experto que les pueda orientar.

 

 

Dr. Luis de Benito

 

Dr. Luis Reparaz

 

Especialistas en Angiología y Cirugía Vascular